Después de ser medicada, el médico recomendó que Ava permaneciera en el hospital por un tiempo más, hasta que el calmante hiciera efecto. Sentada en la cama, con una manta ligera sobre los hombros, aún tenía los ojos rojos e hinchados, pero lo peor ya había pasado. Hector estaba a su lado, envolviéndola con todo el cuidado del mundo, como si fuera de cristal.
—Todo va a estar bien —susurra, con la voz baja, como si intentara convencerse a sí mismo tanto como a ella.
—Gracias por pensar rápido y