Aunque tuviera pendientes en la empresa, Hector sabía que el mayor desafío de ese día no involucraba planillas ni reuniones. Conduciendo rumbo a la casa de Mark, sabía que necesitaba la ayuda de su amigo una vez más.
En cuanto entra, Mark cruza los brazos y suelta una risa burlona.
—No sabía que te transformarías en un marido tan servicial —se burla, sin perder la oportunidad.
—Puedes reír —responde, cerrando la puerta detrás de sí. —No me importa.
—Mejor, porque voy a seguir echándote en cara