—Diablos, ¿es que no puedo tener un minuto de paz? —Hector maldice, al verla salir, cerrando la puerta con rabia.
En cuanto la frase escapa de sus labios, se da cuenta del lugar en el que está. Se queda inmóvil por un momento, mira a su alrededor y luego fija la vista en el crucifijo frente a él.
—Perdón —dice, levantando las manos. —No fue una invocación, solo una expresión… inapropiada, lo reconozco.
Visiblemente incómodo, se levanta para irse; sin embargo, se detiene, da media vuelta y camin