XXIII. El inicio de la lujuria (Emma empieza a sentir atracción por Dominieck)
Le miré fijamente pues era consciente de que yo ante todo tenía completa razón en cuanto a lo dicho y no iba a retroceder solo por complacerle, pues no estaba dispuesta a seguir su incomprensible juego pues ante todo quería mostrarme fría de forma tal que no quedase ningún reflejo de sumisión en mi
Verle allí provoco que en mi apareciesen un marullo de sensaciones y sentimientos contradictorios, pues por un lado daba gracias a los cielos por verle completamente bien, pero por el otro lado, ten