LXII. La despedida de la cabaña - VI
Emma una vez frente a mí, extendió su mano en mi dirección y con la forma más dulce y amable que podía llegar a salir de ella, pidió de manera clara a mi persona que tras entregar a ella una coronilla, me pusiera de pie, tomara su mano y la siguiese.
Sin mediar palabra obedecí y nos dejamos envolver en el silencio que nos rodeó mientras caminábamos hasta llegar a la orilla nuevamente de aquel lago, allí, una vez frente a las aguas Emma indico tras guiar sus ojos hacia mí y yo la verdad no pud