El corazón de Emilia comenzó a latir violentamente.
—¿Viste eso…?
La voz salió apenas como un susurro roto.
Uno de los escoltas reaccionó inmediatamente girando hacia el final del pasillo.
Vacío.
No había nadie.
Pero Emilia sabía lo que había visto.
Lo sintió.
Esa presencia.
Ese escalofrío.
Victoria seguía dormida sobre sus piernas abrazando fuertemente su cintura mientras la lluvia golpeaba las ventanas del hospital.
Y de pronto…
Las luces parpadearon otra vez.
Todo el piso quedó a oscuras dur