Sofía no podía verlo, pero sentía que sus mejillas ardían. Esa era la parte molesta de ser pálida, no podía ocultar las manifestaciones de su rostro cuando se sonrojaba. Se sintió avergonzada por el elogio, especialmente viniendo de un hombre tan guapo como él.
—Tú también eres guapo —dijo ella.
Ethan le dedicó una leve sonrisa, lo que la dejó aún más incómoda.
¿Por qué tenía que elogiarlo también? Fue embarazoso. Debería haber simplemente dicho "Gracias, sé que soy guapa", dando la impresión de