— ¿Estás cansada?
— Un poco — respondió
— Necesitas tomar un baño para relajarte mejor, ¿no crees?
— Lo sé, pero ni siquiera puedo quitarme esta ropa — gesticuló, señalando el vestido que se había puesto después de la fiesta.
— Eso no es un problema, querida. — Se acercó a donde ella estaba sentada y comenzó a ayudarla a quitarse la ropa, lentamente.
— No inventes — dijo ella, sonriendo.
Pues percibía sus segundas intenciones.
— Deja de pensar tonterías, voy a ayudar a mi esposa a relajarse en e