Sofía llevaba exactamente treinta y siete semanas de embarazo. Como estaba casi al final de la gestación, le habían dado vacaciones. Aunque no quería, tuvo que aceptarlo al oír la justificación de su marido de que eso era uno de los beneficios de convertirse en su esposa.
Era viernes y aprovechó que Kate estaba desocupada para hablar con ella por teléfono.
—¿Cómo están las cosas en México? —preguntó.
—¿Cómo puedo resumir mi estadía aquí? —decía Kate—. La gente es cálida y comunicativa, estoy tom