31. Una felicidad lista para olvidarse
—Elena, estás hirviendo en fiebre —la voz de Gianluca surca en la intranquilidad una vez están dentro del auto—, nos vamos a la casa ahora mismo.
—Estoy bien —Elena hunde las uñas en su asiento, cerrando los ojos—, estoy bien, lo prometo.
—Nos vamos a la casa —Gianluca vuelve a decir, y no la deja continuar porque acelera el carro una vez el dolor de cabeza vuelve a punzar fija en su mente—, no te preocupes. Llegaremos cuánto antes.
El sollozo qué deja Elena vuelve más turbado a Gianluca, qui