La pregunta de Noah quedó flotando en el aire como un eco imposible de apagar.
—¿Vas a vivir aquí con nosotros?
Había sido tan simple.
Tan directa.
Sin miedo.
Sin dudas.
Como si para ella, todo ya estuviera resuelto.
Maya había logrado sonreírle. Había inclinado la cabeza, había acariciado su cabello y había respondido algo suave, algo que sonara a promesa sin serlo realmente.
Algo que la tranquilizara.
Pero en cuanto Noah cerró los ojos y el sueño la envolvió…
El peso de esa pregunt