Flor se enderezó silenciosamente y levantó los brazos en el aire.
—¡Suelta la espada! —el hombre rugió.
Al menos ocho lanzas les apuntaban. Flor dejó caer la espada y el objetivo de sus armas se dirigió a Ezra.
—Suelta la maldita espada o le dispararemos —gruñó el tipo.
La mandíbula de Ezra se torció, pero no dijo nada. Tiró la espada antes de levantar los brazos también. Sus ojos se deslizaron hacia la chica humana que trabaja como sirvienta.
—¿Ella es la reina? —el chico le preguntó a la cria