La puerta se abrió de golpe cuando ella la empujó.
Cassian estaba de pie, a pocos metros, como si la hubiera estado esperando.
Sus ojos azul hielo se alzaron al verla y por una fracción de segundo, la sorpresa cruzó su rostro. Luego apareció esa curva lenta, peligrosa, en sus labios.
Sorna.
Interés.
Y algo mucho más oscuro... adoración pura.
Su mirada recorrió su cuerpo y se odió por notarlo.
—¡¿Dónde están?! —gritó ella con la voz quebrada, cargada de miedo y furia—. ¡¿Dónde están mis hijos, C