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Al parecer Diego extrañaba bastante a mi Alfa.

Nos quedamos todo el día en la habitación, ni siquiera permitía que me vistiera, aunque su aroma ya estaba en todo mi cuerpo aún seguía impregnándome con la suya, con la satisfacción de que se hacía uno con el mío. La sonrisa en su rostro era inigualable.

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Ya era de día, cuando abro mis ojos, ese cuerpo musculoso al que amo no se encontraba a mi lado, mi Alfa comienza a gruñir, aunque su aroma estaba en toda la habitación no sentirlo en l
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