De nuevo en el avión, Diego no dejaba de gruñir, la azafata Omega con aroma a vainilla volvió a viajar con nosotros, aunque no se haya acercado mi hombre no dejaba de ponerse posesivo.
Decidí ignorarlo para ver si con eso se tranquilizaba, cerrando mis ojos me dispuse a descansar lo que restaba del vuelo.
Podía sentir que algo lo tenía triste ¿qué podría sucederle? no logro oír sus pensamientos, odio que pueda controlarlos, tal vez he sido muy duro con él en estos días, pero siempre he sido de