—¿Faltaste a clases solo para ir por un helado y divertirte? —preguntó Bryce cuando regresó de la escuela esa tarde y encontró a Dominic en el comedor.
—Sí, y no me arrepiento ni un poco —respondió él.
—¡¿Qué?! ¿Desde cuándo haces eso? Tú odias faltar a clases. No me digas que esa compañera tuya ya empezó a influenciarte para mal.
Se cruzó de brazos.
—¿No tienes hambre? —preguntó Dominic, señalando el plato de comida que tenía delante Bryce.
—Lo que estoy diciendo ahora es mucho más importante