Pov Leina
Una taza humeante de chocolate fue puesta ante mí y no me molestó en ver quién la había traído; solo la tomé rápido para darle un sorbo.
—Gracias, Neil—dije, pensando que era él, hasta que levanté la cabeza y vi los ojos afilados de Bastian.
—Perdón, yo pensé que… es el único que me habla, así que…
Tráigame tierra, eso es mejor.
—Sígueme—fue su orden tosca antes de darme la espalda.
Me levanté con cuidado de no quemarme con el chocolate y lo seguí hasta su tienda, donde du