Pov Leina
La ansiedad me estaba matando y estoy segura de que eso es lo que él quería.
—Bastian, solo di lo que quieres y ya está. Estar en esta posición duele y odio la oscuridad; termina de una vez.
Me removí mirando las cuerdas, trataba de sacar mis garras para romperlas, pero ni haciéndolo llegaría a ellas.
—No vas a librarte de ellas, no hasta que yo quiera.
Sus manos comenzaron a recorrer mis piernas, subiendo por mis muslos. El camisón se iba elevando, descubriendo mi piel.
—Dime,