33. Cayendo en la tentación
Pov Juliette
Kian regresó poco tiempo después de que terminé de vestirme, o más bien, de cubrirme con lo poco que ya tenía puesto.
Desayuné junto a él y, aunque ninguno habló en ese tiempo, no fue tan incómodo como pensé.
—Bien, vamos, recuéstate en lo que atiendo tus heridas. Una sanadora vendrá en unos minutos; dijo que sabía lo que te habían dado para mantener a tu loba fuera.
Me levanté con cuidado y llegué a la cama. Me recosté como dijo, mirando cómo se movía con algunas vendas y otro