26. Lo más sagrado para mí
Pov Kian
Cortaba uno tras otro, extremidades cayendo, la sangre salpicando por todas partes. Xantea dijo un par de minutos que ha se habían hecho más largos.
Eran duros, demasiado; perdían un brazo y seguían peleando con el otro de una forma más agresiva.
—XANTEA, J0DER, MÚEVETE.
—ESTOY EN ESO, DAME TIEMPO, YA CASI.
Aún quedaban muchos, más de ocho tal vez, y aunque suene poco, lo cierto es que parece que lucháramos contra un ejército.
—Ya está, ustedes crucen, vamos, yo me encargo