Pov Narrador
Bastian ahora yace sobre la cama, inmóvil; sus labios pálidos y agrietados le dan un aspecto sin vida.
Sus ojos permanecen cerrados; en su cuello, una mancha que apenas se sana.
La sacerdotisa limpia sus brazos con paños húmedos; su mirada, de vez en cuando, va hacia el cielo oscuro.
Ha pasado una larga semana y la tierra volvió a cubrirse de una profunda oscuridad, solo que esta vez era diferente, porque esta vez quien estaba en la cama no era Leina, sino Bastian.
Toda la