Pov Leina
Camino de un lado a otro en la habitación, muerdo mis uñas para tratar de calmarme. Ya es de noche y Bell no ha vuelto. Eso no me gusta nada.
Algo debió pasar; debieron descubrirla porque mi orden fue clara: "si te siguen, escóndete y no regreses".
La puerta se abrió de golpe y vi entrar a Guillermo enfurecido.
—Pequeña perra.
—¡Ahhhh!— solté un grito atronador mientras el dolor me recorría la cara. Su férreo golpe me hizo caer e hice todo lo posible para no caer con fuerza contra el