El príncipe Keith
No pude evitar cerrar los puños con rabia; el rey sabía perfectamente lo que hacía: me estaba provocando a propósito para ver cómo reaccionaba. Pero no voy a darle la satisfacción que busca; tengo algo mucho más importante, mucho mejor que enfadarme por el recuerdo de mis padres.
Me senté en mi habitación intentando trabajar, pero cada vez que cogía un expediente, mi mente volvía a todo lo que él había dicho y no conseguía concentrarme. Un repentino golpe en la puerta me sacó