El príncipe Keith
Lo primero que vi al abrir los ojos fue a Heather. Su rostro, suavizado por el sueño, estaba vuelto hacia mí, con su cabello oscuro esparcido sobre la almohada. La luz del sol, filtrada a través de las cortinas, proyectaba un cálido resplandor sobre su piel, haciéndola parecer un cuadro. Mi corazón se llenó de felicidad y satisfacción.
No podía imaginar cómo había vivido antes de conocerla; con delicadeza, para no perturbar su sueño tranquilo, me incliné y le di un suave beso