Heather
Cuando terminamos de cenar, empezaba a hacer demasiado frío, así que decidimos volver a nuestras habitaciones. Keith se sentó en su silla de ruedas y yo le ayudé a volver a su habitación; me detuve frente a su puerta y él giró la silla para mirarme. «Buenas noches», murmuró, y yo sonreí
«¿Puedo acompañarte?», pregunté antes de poder contenerme. Los ojos del príncipe Keith se abrieron como platos, pues no esperaba tal pregunta de mi parte.
«¿Estás segura?», preguntó, y yo me encogí de h