El eco de sus propias palabras aún flotaba en el salón vacío cuando Kerem giró el rostro hacia Branwen. Quien caminó detrás de él cuando subió por las escaleras.
—Dile a Lena que venga a mi despacho —ordenó sin titubeos.
La mujer asintió de inmediato sin hacer preguntas. Pensando solo que la noche estaba siendo bastante larga para la joven.
Lena estaba sentada en el suelo de su nueva habitación, aún desorientada por el tamaño del lugar, por el colchón mullido y las cortinas de lino que se