El día que se mudó con esposo, él le había dejado claro que no tenía permitido cambiar nada. En su ingenuidad había creído que era porque no estaba acostumbrado a compartir su espacio con otra persona y que con el tiempo le dejaría hacer cambios para que se viera como la habitación de una pareja. Como en tantas otras cosas, había estado equivocada.
—¿Te gusta? —preguntó Lia, la madre del doctor De Luca.
—Sí, gracias —respondió con una sonrisa—. ¿Segura que no es mucha molestia?
Durante el via