Ignazio se dejó caer en su asiento e inclinó la cabeza en el respaldo. Aquel era su primer descanso en toda la mañana. Algunos días, como ese, la demanda era aún mayor y el trabajo no paraba.
Sacó su celular y marcó el número del inspector Bellini. Su descanso tendría que esperar para otro momento. Necesitaba hablar con el hombre cuanto antes.
—Ignazio —saludó el hombre en cuanto contestó.
—Inspector Bellini.
—¿Cómo fue la reunión entre la señora Luciana y Rodolfo?
—Él se negó a firmar los pape