Luciana se veía afectada y, aunque Ignazio había estado preparado, debió suponer que lo afectaría demasiado verla en aquel estado.
Hizo su mejor esfuerzo para no regresar en busca de Rodolfo. Como médico, su trabajo era salvar vidas, no quitarlas; pero no se sentiría nada avergonzado de admitir en voz alta que quería golpear al desgraciado hasta que ya no respirara.
Rodolfo era un completo imbécil. Había dañado a una mujer inocente de maneras inconcebibles y ni siquiera se arrepentía de ello, l