Maeve
Cuando abrí los ojos, todo se veía desenfocado, los contornos borrosos y los colores mezclándose en un remolino de sombras indistintas.
Una sensación de pesadez me oprimía el cuerpo, y un dolor sordo latía en cada parte de mí.
La figura borrosa de Kane se materializó lentamente, su rostro marcado por una expresión de profunda preocupación.
—Ángel... —escuché su voz, suave y temblorosa, como si cada palabra le costara un esfuerzo monumental. —Lo siento tanto...
¿Qué le ocurre? Pensé, confu