Kane
La bodega en la que estábamos era un lugar que olía a moho y a tierra mojada.
El aire frío y húmedo se adhería a la piel como una segunda capa, y cada respiración dejaba un rastro de vapor frente a mis labios.
Estaba impaciente, contando los minutos para poder ver a Maeve. Sin embargo, los asuntos urgentes requerían mi atención aquí, en este oscuro rincón subterráneo que parecía tragarse cada chispa de calor.
Justo cuando la espera comenzaba a ser insoportable, la voz de Ada cortó el silen