Maeve
El aire de la noche era frío y húmedo, empapando cada aliento que tomaba mientras mis pies descalzos se abrían paso a través del musgo y las hojas caídas del bosque oscuro.
A cada paso, el suelo blando y húmedo se adhería a mis pies, como si intentara retenerme, retrasarme.
A lo lejos, los gritos desgarradores de personas llorando por ayuda perforaban la noche, una melodía desesperada que me impulsaba hacia adelante, a pesar de que mis piernas parecían moverse a través de un mar de arenas