A pesar de lo ansioso y excitado que podría estar Dixon debía tener especial cuidado al introducirse en la loba. La había sentido tan pequeña y estrecha que con sus dimensiones podría hacer daño y eso era lo que menos deseaba. Quería verla de nuevo llorando de placer bajo él y pidiendo más donde él no se lo negaría.
Agarró las manos de la loba y las puso sobre sus hombres cuando se inclinó sobre ella después de acomodarse entre sus muslos. Guio la punta de su miembro entre los pliegues suaves y