Mientras las tres mujeres seguían planificando sus maldades, Vincenzo llegaba a su departamento buscando desesperadamente a Dana. Salir del hospital y comprobar que ella se había marchado no fue algo grato para el hombre, miles de dudas y conjeturas se agolpaban en su mente que no dejaba de maquinar intentando saber qué era lo que le podría haber ocurrido.
Al entrar al departamento buscó con la mirada el objeto de su preocupación y un sonoro suspiro se dejó oír al ver allí a Dana, sentada junto