Vincenzo ignoró completamente los berrinches de su esposa y se fue desesperado para conocer el estado de salud de Dana. Ella parecía estar bien, pero él no se confiaba, quería verla y saber que todo estaba perfecto. No estaba para nada preocupado por el escándalo que había ocasionado su esposa. Maldecía la hora en la que se casó con esa mujer, si no fuera por su abuelo jamás lo habría hecho.
_ ¿Dana estas bien? _ preguntó el hombre que ingresaba preocupado al lugar.
_ Sí, solo estoy furiosa Sir