POV Amara
Cuando volví a la habitación, el crepúsculo ya se había extendido por la ventana como pintura dorada. Las cortinas estaban medio abiertas, y el viento frío entraba, moviendo las puntas de mi cabello todavía húmedo. Fue entonces cuando lo vi.
Una caja blanca reposaba sobre la cama, pequeña, elegante, con ese tipo de minimalismo caro que grita “regalo de alguien poderoso”.
Me acerqué despacio, curiosa y al mismo tiempo desconfiada, porque con Killian nada venía sin intención.
La tapa se