POV Amara
Después del almuerzo, el silencio de la mansión parecía extenderse por kilómetros. El sonido de los cubiertos había cesado, los pasos de los empleados se disiparon por el pasillo y yo me quedé allí, sola, con el eco de mis propios pensamientos.
Killian se había marchado a toda prisa después de lo ocurrido con la alarma y yo intentaba ocupar el vacío que dejaba cada vez que la puerta se cerraba detrás de él.
Quedarme quieta solo alimentaba mi mente. Y la mía, últimamente, era un campo