Nadina
Las manos me temblaban. Debería destapar la primera carta, pero, me fui de una, a la que tenía el objeto que captó mi atención. Al sacar la hoja, un lindo anillo de oro blanco cayó en la cama. —escuché el agua del baño—. La sortija era preciosa, mi corazón comenzó a galopar solo. Me dispuse a leer.
Divina.
Esta es la cuarta carta. Acabo de darme cuenta y no has leído las tres primeras, las guardaste sin tomarte al menos el tiempo para leerlas, en cambio, las metiste en el cajón de tu cóm