Amanda despertó lentamente, sin saber cuánto tiempo había permanecido inconsciente. Lo primero que sintió fue el frío. No era una simple sensación producida por una habitación sin calefacción, sino un frío que parecía haberse instalado dentro de sus huesos, recorriendo lentamente sus brazos, su espalda y sus piernas hasta obligarla a estremecerse. Intentó mover las manos y entonces descubrió que estaban atadas. El corazón comenzó a golpearle con fuerza mientras sus ojos intentaban acostumbrarse