La ambulancia atravesaba las calles de París con las sirenas abiertas, obligando a los vehículos a apartarse mientras el equipo médico continuaba trabajando alrededor del cuerpo inmóvil de Jared Davenport. Cada segundo parecía tener un peso insoportable. Los monitores emitían sonidos irregulares y los paramédicos intercambiaban instrucciones con una rapidez que revelaba la gravedad de la situación. Jared permanecía inconsciente, ajeno al movimiento frenético que ocurría a su alrededor, mientras