La clínica privada permanecía sumida en una actividad silenciosa y frenética. Detrás de las puertas restringidas, médicos y enfermeros se movían con rapidez alrededor de Jared, mientras los monitores continuaban registrando cada variación de su estado. Sebastian permanecía junto al pasillo, con el teléfono en la mano y la mandíbula tensa, esperando una respuesta que pudiera cambiar el destino de su jefe. Entonces las puertas del ascensor se abrieron y Johan Al Nayef apareció acompañado únicamen