Fadh permaneció frente a Amanda con una tranquilidad que resultaba mucho más perturbadora que cualquier grito. Ella seguía intentando procesar todo lo que acababa de descubrir, pero había una pregunta que comenzaba a crecer dentro de su pecho con una fuerza insoportable: ¿qué clase de hombre podía guardar tanto resentimiento durante tantos años y, peor aún, descargarlo contra un niño que jamás había tenido responsabilidad alguna sobre las decisiones de su familia? Fadh parecía disfrutar del sil