La noche había terminado de envolver París con ese brillo elegante que solo la ciudad de las luces parecía conocer. Desde las alturas del Pent-house Davenport, el resplandor de miles de faroles se reflejaba sobre el cristal de los inmensos ventanales, mientras el rumor lejano del tránsito apenas lograba atravesar el silencio del apartamento. Sin embargo, aquella noche existía un sonido diferente, uno mucho más cálido que el de los automóviles o el viento golpeando los edificios. Era el suave bu