Ciara
Miré con un poco de pánico la sala, en una esquina me habían indicado que podría dejar a Elanna, junto a ella varios juguetes que la entretuvieron de inmediato.
Solté un pesado suspiro y volví la mirada a la mujer sentada frente a mi que parecía analizar cada gesto o movimiento que hiciera. El señor Flavio me había traído hasta el psicólogo por órdenes de Aksel, quien le dio instrucciones antes de marcharse a la oficina.
Mis manos sudaban, no sabía que hacer o qué decir, era extraño es