La luz suave de la mañana se filtraba a través de las cortinas entreabiertas de la suite del Zorya Imperial, bañando las sábanas blancas con un dorado discreto. El silencio solo se rompía por el sonido amortiguado de la nieve cayendo afuera, como si el mundo entero estuviera en modo reposo. Dentro de la habitación, sin embargo, flotaba otro tipo de calor en el aire.
Helen abrió los ojos lentamente, estirándose bajo las s&aacut