La tarde avanzaba despacio, como si el tiempo hubiera aprendido a respetar la fragilidad de los corazones que habitaban aquella casa. El silencio reinaba después de la tormenta. James y Liam ya se habían marchado para encargarse de reforzar la seguridad del edificio, una misión urgente que Ethan había confiado a ambos con ojos de acero y la voz cargada de emoción. Zoe había protestado, claro, pero Katerina la despachó con una elegancia firme, alegando que Helen necesitaba descansar.
A solas con