Helen estaba en silencio. La comida frente a ella ya se había enfriado, y ni siquiera las provocaciones de Zoe lograban devolverla al ambiente ligero y animado de antes. Ethan notó cada cambio: la manera en que se llevó la mano a la nuca por tercera vez, cómo sus ojos vagaban inquietos por las ventanas y cómo su sonrisa ya no alcanzaba sus ojos.
Se inclinó hacia ella.
—Helen… ¿qué pasa?
Ella dudó, como si no quisiera sonar paranoica, pero al final habló en voz baja:
—Te juro que sentí que algui