Domingo por la tarde. La casa de Zoe hervía de risas, olor a lasaña en el aire y una cierta pareja intentando mantener la compostura después de un cine… nada tradicional.
Helen estaba roja hasta las orejas, intentando parecer discreta mientras Zoe, la cuñada más escandalosa de la ciudad, se desternillaba en el sofá, reviviendo por décima vez el “escándalo del cine”.
—¡Lo juro! —gritaba Zoe entre carcajadas—. ¡El acomodador publicó una indirecta en Twitter y supe que era sobre ustedes dos! ¡Dios