La mañana llegó tranquila.
Por primera vez en días...
Liliana despertó sin miedo.
El pequeño departamento estaba lleno de luz cálida. El sol entraba por la ventana iluminando las paredes claras, el sillón sencillo, la mesa pequeña donde aún quedaban platos del desayuno.
Olía a café recién hecho.
Y también a pan tostado.
Liliana abrió los ojos lentamente.
Durante un segundo...
olvidó todo.
Olvidó la muerte.
Olvidó el rechazo.
Olvidó el dolor.
Solo escuchó...
La risa de un bebé.
Y la voz suave de