La sala de juntas estaba en el piso más alto del edificio. Una mesa larga de caoba, capaz de albergar a veinte personas, ocupaba el centro. Las sillas eran de cuero negro, altas, imponentes. Las paredes, revestidas de madera oscura, daban una sensación de poder y antigüedad. Los cuadros de los fundadores miraban desde las paredes con ojos de eternidad.
Luisa había llegado temprano. Demasiado temprano. Quería prepararse. Quería sentirse segura. Quería que no se le notara el miedo.
Llevaba puesto